sábado, 12 de agosto de 2017

Un deseo estrellado

Termina el verano y es una pena, porque los amores de verano, esos que te parecían eternos, también terminan. 

Fue inevitable fijarme en él, en sus ojos azules que podían confundirse con el mar. Se cruzaron nuestras miradas a lo lejos y me perdí en sus ojos, como si las olas del mar de sus pupilas me estuvieran engullendo hacia adentro. De hecho lo hicieron, con tanta fuerza que me impulsaron a levantarme de la toalla para acercarme dentro del agua hasta donde él estaba. Lo hice poco a poco, con el corazón latiendo aceleradamente. No recuerdo si el agua estaba fría o no, porque por unos instantes perdí el mundo de vista. Lo único que quería era acercarme a él, dejarme llevar por esa vorágine de palpitaciones extrañas, y a la vez tan conocidas.
Cuando ya estaba cerca, los nervios me impidieron articular palabra alguna, y desvié la mirada hacia otro lado, intentando disimular mi nerviosismo. Él se acercó un poco más a mí y utilizó la excusa más tonta que existe para empezar a entablar una conversación. Me preguntó si tenía hora y dónde podía coger un tren, pues allí solo estaba de paso. Le señalé mi muñeca, ausente de cualquier reloj, y le indiqué dónde estaba la estación, preguntándole a dónde iba.

-      Vuelvo a Barcelona, con mi familia. Me esperan mañana. Pero antes…, ¿me dejarías invitarte a cenar? – preguntó sonriendo-

Le devolví la sonrisa y asentí con la cabeza. Salimos del agua y esperamos a que el sol nos secara para ponernos algo de ropa y acercarnos andando a un restaurante cercano. Aproveché para observarle. Era precioso le mirase por donde le mirase, pero no era eso lo que me atraía. Era esa especie de fuerza interna, como si ya hubiese estado con él antes o ya le conociera, que me hacía sentir de una manera especial. Supongo que la magia de algunas personas reside en eso: no en como son, sino en cómo te hacen sentir.

Mientras comíamos, hablamos de todo un poco: de la vida, del trabajo, de cómo puedes estar años sin vivir en absoluto y de repente sentirlo todo en un instante. Porque, quizá, aquella palpitación extraña nos estaba pasando a ambos en ese momento.
El vino ya empezaba a hacer efecto, y el pudor desaparecía, dejando vía libre a nuestras ganas.

Le invité a mi apartamento y antes de que pudiera darme cuenta ya estábamos en la escalera besándonos como si el mundo fuera a acabarse en ese instante. Entramos y le arranqué la ropa, tirándola al suelo con rabia. Terminamos en mi cama, exhaustos, con un extraño sentimiento de tristeza y dulzura. Leía el adiós en sus ojos, y en la leve curvatura de sus labios, esa que aparece cuando tienes que decir algo y no puedes. Respeté su silencio y salí al balcón para fumar. En realidad, hacía tiempo que no fumaba, pero era la excusa perfecta para evitar una conversación que no deseaba. El cielo estaba estrellado y busqué con los ojos la estrella más grande.
Antes, cuando era pequeña, solía hacerlo para pedir un deseo. Ahora ya no había nada que las estrellas pudieran regalarme, pero seguía maravillándome con ellas en esa nostalgia infinita que me producía mirarlas.

De repente, noté sus brazos fuertes rodeándome la cintura, y me estrechó contra él.

-      Debo irme. Quizá algún día volvamos a vernos -dijo con tristeza.

Ni siquiera me di la vuelta para mirarle. Exhalé el humo del cigarro y seguí con la mirada fija en esa estrella que brillaba más que ninguna, a punto de pedir un deseo que descarté al oír el ruido de la puerta al cerrarse.

Por la mañana, me acerqué a la estación con la intención de despedirme. Un tren que había llegado de Barcelona me impedía ver si había alguien en el andén, y me esperé a que el tren desapareciera. Por fin pude verle, allí de pie en el andén, sin equipaje alguno, besando a otra mujer que acababa de bajar con un par de maletas.


Me di la vuelta para marcharme, no sin antes comprobar que no la besaba con tanta pasión con la que me había besado a mí aquella dulce, triste y estrellada noche, no tan vacía de deseos.

domingo, 6 de agosto de 2017

'El secreto de la modelo extraviada' de Eduardo Mendoza

"La curiosidad me impelía a hacer mil y una preguntas incisivas, pero me contuve, porque, estando como estaba en contacto diario con la psiquiatría, tenía comprobado cuán beneficioso es para el paciente contar poco y mentir mucho."

"El secreto de la modelo extraviada" compone la quinta obra de género policíaco de Eduardo Mendoza, donde su detective desastroso sin nombre vuelve a las andadas. La acción discurre en dos planos temporales: el primero, el detective recuerda aquellos días de los ochenta, justo antes de la gran renovación de la ciudad de Barcelona, donde la policía le encarga la misión de atrapar a un perro de una familia adinerada que se ha escapado, pero que les sirve como argucia para colgarle el asesinato de una modelo. Y el segundo, ya en la actualidad, cuando el detective empieza a investigar por su cuenta el caso para librarse de la acusación que cae sobre él. Es allí donde descubriremos los personajes picarescos mendozinos que van apareciendo, y que son el reflejo de nuestra sociedad actual: empresarios que intentan evadir capitales, policías anclados en el pasado, matones y canallas de todo tipo que se desenvuelven en esta Barcelona turística que es hoy. 

Porque la novela, es ante todo retrato humorístico, pero también una crítica social y política. Por ello, y porque es una novela que sigue siendo completamente del particular estilo del autor, no defraudará a sus seguidores, pero no deja de ser un libro meramente entretenido.

lunes, 24 de julio de 2017

Frida Kahlo: la autenticidad de un alma libre

Hace poco recordaba la lectura de una pequeña biografía sobre Frida Kahlo, y es que no es fácil leer a Frida y volver indemne de su pensamiento y su forma de ser. 

Frida brillaba con luz propia. Ya desde pequeña se distinguía del resto de las chicas: nadaba, boxeaba, le interesaba la política y se vestía como le venía en gana, casi siempre de forma masculina, algo que le causaría el desprecio de cuantas "amigas" le rodeaban al considerar que se había alejado de los estereotipos a los que debía ajustarse la conducta de una mujer. 

Pero a ella no le importaba en absoluto. Se quería tal y como era y no estaba dispuesta a renunciar a sí misma por la aceptación de los demás.

Frida había nacido con espina bífida debido a una deficiencia de ácido fólico de su madre, lo que le acarrearía tener una pierna más corta y delgada que la otra. Sin embargo, sus padres decían que había contraído la poliomielitis para que eso no disminuyera sus posibilidades de contraer matrimonio.

Con 18 años fue a la universidad y estudió medicina. Fue en esa época cuando se hizo miembro de los Cachuchas, identificándose con ideas socialistas y nacionalistas y reivindicando la herencia indígena de México. 


No era la primera vez que Frida se veía envuelta en política; y es que ella vivió la revolución mexicana, escondiéndose de los guerrilleros, mientras su madre daba de comer y curaba a zapatistas heridos. 

Frida lo vivía todo con intensidad. Sentía pasión por todo lo que la rodeaba, por ello era enamoradiza y podía enamorarse tanto de hombres como de mujeres sin distinción. 

Fue a causa de un accidente del autobús en el que viajaba, que colisionó con un tranvía, que tuvo que abandonar la universidad. La barra de hierro del autobús la atravesó por la mitad y se fracturó, por varios lugares, la columna vertebral, las costillas,  la pelvis, la pierna y el pie derecho, lo que la mantuvo postrada en la cama durante varios meses. 

Pero gracias a eso, Frida descubrió la vocación de pintar. En sus dibujos y pinturas evocaba su desgracia, se pintaba a ella misma en sus dolores y angustias, porque al fin y al cabo el arte no es más que la forma que tiene el artista de liberarse de su propia condena. 

Tres años antes sufriría otro accidente: Diego Rivera. Así lo afirmaba ella: “Yo sufrí dos accidentes graves en mi vida, uno en el que un autobús me tumbó al suelo… el otro accidente es Diego”. 

Y es que Frida se había enamorado del famoso pintor mexicano Diego Rivera, veinte años mayor que ella, por el que sentía una gran admiración. Se casaron sin pompa alguna. Frida vestía con una falda y una blusa que había pedido prestado a una sirvienta y tan solo le acompañaba su padre, puesto que ninguno de su familia aceptaba la relación.

Pronto aprendió a cocinar, apartó la pintura y se dedicó a las tareas del hogar, pero el matrimonio fue turbulento y doloroso: Frida sufrió varios abortos y constantes infidelidades de su marido, una de ellas con su hermana Cristina. 

A raíz de este hecho, y teniendo en cuenta que su forma de amar a Diego no le permitía separarse de él, empezó a cultivar su independencia: empezó a tener amantes, hombres y mujeres, una de las aventuras más destacadas fue con León Trotski, al que acogieron cuando le habían condenado a muerte.

Frida volvió a la pintura, empezó a vender cuadros y a forjarse un camino lejos de la sombra de su marido. 

Creció como artista y siguió luchando contra su dolor físico y emocional. Cambió el estilo de su pintura, dejó de retratarse a sí misma para pasar a pintar naturalezas muertas. Quizá por el cóctel de tequila y analgésicos, o quizá porque ya intuía la muerte que había de llevársela sin pena alguna para ella. Solo esperaba una salida gozosa y el deseo de no volver jamás.

jueves, 20 de julio de 2017

6 libros para este verano

Uno de mis grandes placeres del verano es poder leer, sin agobios ni límite de tiempo, en algún lugar remoto del mundo, relajada y entregada al libro que tengo entre las manos, feliz.

Durante todo el año, suelo seguir las novedades literarias, y apuntarme en una lista -interminable, por cierto- los libros que más me han llamado la atención, para cuando pueda, comprarlos y leerlos como merecen.

Aquí os dejo 6 libros del 2017 para que disfrutéis del verano leyendo:

1. En la oscuridad, de Antonio Pampliega: El periodista de guerra Antonio Pampliega relata en este diario sus diez meses de secuestro por la rama de Al Qaeda en Siria, donde sufrió todo tipo de torturas y humillaciones.

2. Las defensas, de Gabi Martinez (Seix Barral) : Esta novela narra el testimonio real de un neurólogo que enloquece a causa de una enfermedad autoinmune cuyo detonante es el estrés, hasta que termina ingresando en un psiquiátrico. Es la historia de cómo un hombre bien educado, habitante de una privilegiada ciudad del primer mundo, puede convertir una vida cómoda en un infierno.


3. Literatura universal, de Sabino Mendez (Ed. Anagrama) : Novela que transcurre en la época del tardofranquismo y que narra la historia de tres compañeros de colegio que crecerán movidos por sus ambiciones y de la necesidad de ganar dinero, pero "comprobarán de una manera inesperada cómo la palabra escrita les persigue de un modo sólido, decisivo y diabólico a lo largo de toda su vida."



4. América, de Manuel Vilas (Círculo de Tiza) : En este libro Vilas retrata un Estados Unidos real, el Midwest, donde Trump consiguió más votos, donde se forja la clase media y sus aspiraciones económicas y sociales. Es un paseo por la inmensa vastedad de esta nación, y donde descubrimos todos sus personajes y rincones.

5. Aunque caminen por el Valle de la Muerte, Álvaro Colomer (Literatura Random House): Álvaro Colomer reconstruye en clave de ficción en este libro uno de los episodios más controvertidos de la guerra de Irak: el papel de las tropas españolas en la batalla de Najaf.


6. Tierra de campos, de David Trueba (Ed. Anagrama): Es un libro con el que viajar este verano, porque el narrador, un célebre cantante llamado Dani Mosca, tiene que cumplir la última voluntad de su difunto padre de ser enterrado en su pueblo, en la comarca castellanoleonesa de Tierra de Campos hasta donde tendrá que trasladarse. Y es el propio viaje el núcleo de la narración, porque en él descubriremos su personalidad, los secretos de la familia y sus más íntimos sentimientos.


viernes, 23 de junio de 2017

Matilda, de Roald Dahl

Llega el verano y me gusta volver a saborear algún libro que me dejó huella y que ha quedado escondido entre el polvo de mi biblioteca. Este año he recuperado "Matilda", ese libro infantil que marcó la infancia de toda una generación, y que sigue sin envejecer para mí.

Matilda es esa niña superdotada que con 5 años ya devora libros de Dickens y aprende de forma autodidacta. Es esa niña que nos recuerda la importancia de los libros y la compañía y la amistad que nos ofrecen cuando todo a nuestro alrededor es hostil y desesperanzador. Y aunque no todos tengamos poderes de telequinesia, si que, cada uno de nosotros, posee otro tipo de poderes que muchas veces desconocemos. 


Y es que Matilda nos demuestra que cada uno de nosotros posee un universo dentro, y que solo es cuestión de hacerlo brillar.

viernes, 5 de mayo de 2017

NOSOTROS (de mi libro)

Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.
Jean Paul Sartre

 


Cuando sonríes, el mundo parece iluminarse un poco. Es bonito saber que tus ojos le iluminan el camino a alguien, pero me pone triste saber que ese alguien he dejado de ser yo. Entras en casa, abres la puerta, te quitas los tacones. Te acercas sigilosa a la cama y yo me hago el dormido para no tener que preguntarte qué tal y que me mientas. Te tumbas y me das la espalda. Ya no me abrazas, ni te acurrucas a mi lado como antes. Me pregunto qué clase de vacío es este, dormir con alguien a quien le has perdido el apetito. Antes sonreías, me buscabas a tientas, bailabas para mí. Ahora me miras como preguntándote que hace este gilipollas a mi lado, o peor, que hago yo al lado de este gilipollas. Pero no dices nada, solo llegas tarde, hueles a mezcla de perfume caro, estarás bailando para otro.
Me pregunto para quien, aunque puedo imaginármelo, un idiota con nombre de pijo y cuerpo musculado con el que disimular sus inseguridades. Pero no te culpo, hace tiempo que los poetas no engañamos a nadie. Escribimos lo que sentimos, nos quedamos desnudos, envolvemos nuestra vida de nostalgia de sedientos de finales tristes para nuestra historia. No sé si será verdad lo que decía Benedetti, cuando afirmaba que la culpa es de uno cuando no enamora, pero no te culpo ni me culpo, sabiendo que hay muchas cosas ciertas en la vida:el desamor, el vacío, nosotros, que ya no somos nadie.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Paul Léautaud, dejadme en paz.

Paul Léautaud (1872-1956) fue abandonado por su madre nada más nacer. Se crió con su padre -que de milagro no hizo lo mismo-, un actor de teatro cuya cama albergaba siempre una mujer nueva. Paul lo observaba siempre escondido debajo de la mesa del comedor en compañía del perro de la familia. Quizá por eso llegó a ser tan amante de los animales, de los que llegó a decir que los amaba más que a las personas. Lo cierto es que terminó compartiendo su vida con más de cuarenta gatos, más de veinte perros, e incluso con una cabra y un mono, lo que le provocó alguna disputa con sus vecinos. 

A su madre la conoció después, cuando tenía 17 años, cantando en un music-hall, y desde entonces se volvieron íntimos amigos. En sus primeras obras:  Le petit ami, de 1903 (traducido en España como Recuerdos ligeros; Menoscuarto Ediciones); In memoriam y Amores, de 1905 y 1906, reconoce estar enamorado de ella en el sentido sensual, lo que avala la extraña teoría del complejo de Edipo de Freud. En estos diarios, Léautaud cuenta episodios escabrosos de su juventud, pero también nos abre la puerta de un París que ya no existe. 

Tuvo varios oficios antes de empezar a trabajar en la revista Mercure de France, del que terminaría siendo secretario general durante más de treinta años. Su espontaneidad, el rechazo a mentir y el no querer doblegarse ante los poderosos le aseguró ese puesto. No dejaba de leer, y recurría a Stendhal cuando perdía la fe en las posibilidades de la literatura. Contradictoriamente, afirmaba que no le gustaba la gran literatura porque "a veces escribir bien es ser un hortera”. No le importaba, tampoco, parecer egoísta: "Lo noto cada vez más: sólo me interesa una cosa: yo, y lo que me pasa, lo que he sido, en lo que me he convertido, mis ideas, mis recuerdos, mis proyectos, mis temores, toda mi vida." 

Con el tiempo, se volvió un solitario cascarrabias que, entrado en la vejez, se despachaba a gusto contra todo durante las entrevistas radiofónicas que le hacía Robert Mallet. Gracias a ellas saltó a la fama. 
Murió siendo un feroz misántropo y anarquista aristocrático cuyas últimas palabras fueron: "dejadme en paz"

miércoles, 1 de febrero de 2017

"Asalto al cielo", la biografía de Javier Castillejo

Conocí a Javier a finales del 2009, pocos meses después de instalarme en Parla. Empecé a entrenar en su gimnasio y a practicar un deporte que aún era desconocido para mí, pero que gracias al Lince -aquél hombre de mirada desconfiada al principio, pero que luego no duda en abrirte las puertas de su casa y de su corazón- no solo empecé a respetar un deporte tan mal visto en nuestro país sino que empecé también a quererlo, hasta tal punto en que competiría después. 


De su espíritu de lucha nunca tuve la menor duda, pues es ése fue -y sigue siendo- su mayor brillo personal. Él así lo reconoce: "soy campeón de la vida", porque no sólo sigue siendo el mayor boxeador español de todos los tiempos, -ganando el campeonato del mundo en dos categorías distintas- sino porque supo mantenerse en pie cuando las circunstancias lo empujaban hacia abajo. Porque los campeones no se miden en las victorias sino en las derrotas, en las dificultades y las crisis personales. Y él supo salir victorioso de todas ellas. Su familia, su mujer, Martha, su mayor compañera desde que se conocieron de jóvenes, siempre fueron su mayor apoyo. 



Este libro, escrito de forma impecable por el periodista Jorge Sanz Casillas, tras muchas horas de entrevistas y grabaciones, es un recorrido por la vida de esta leyenda del boxeo, desde sus inicios; un chico humilde que encontró su vocación entre los sacos de un gimnasio de periferia, pasando por cada pelea contra púgiles como Oscar de la Hoya o Felix Sturm, hasta convertirse en ídolo de toda una generación. Una figura a la que nunca se le dio apoyo institucional de ningún tipo a pesar de haber ganado más trofeos que ningún otro deportista español, pero que aún así sigue siendo un referente de cualquier boxeador que quiera seguir superándose. 

Un libro que es necesario que sea leído, porque no solo hay una historia que merece ser escuchada, sino también porque es un libro sobre la lucha, la vida, el deporte y el amor, una lección de "cómo mantenerse en pie cuando te estás cayendo en pedazos".